Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Me sucede a veces, y siempre me sucede casi de golpe, que en medio de sensaciones, me viene un cansancio tan terrible de la vida que no hay posibilidad de dominarlo. Como remedio, el suicidio parece incierto, la muerte, incluso inconsciente, menos aún. Es un cansancio que ambiciona no el dejar de existir —lo que pudiera ser posible o no—, sino una cosa mucho más horrorosa y profunda, que es el dejar de haber existido, lo que no hay manera de conseguir.
Creo entrever a veces, en las especulaciones de los indios, confusas por lo general, algo de esta ambición más negativa que la nada. Pero, o bien les falta la sagacidad necesaria para relatar lo que piensan, o les falta la agudeza de pensamiento para sentir asà lo que ya sienten. El caso es que lo que entreveo en ellos, no acabo de verlo. El caso es que creo ser el primero en rendir en palabras el absurdo siniestro de esta sensación sin remedio.
Y me curo de ello escribiendo. SÃ, no hay desolación, si es de veras profunda, mientras no sea puro el sentimiento, pero en ella participe la inteligencia, para que no haya remedio irónico que decir. Aunque la literatura no tuviese otra utilidad, ésta, aunque minoritaria, la tendrÃa.
