Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El ocaso está repartido por las nubes sueltas y esparcidas por todo el cielo. Reflejos de todos los colores, reflejos tenues, agrandan la multiplicidad del aire alto, flotan ausentes por entre las grandes aflicciones de la altura. Más arriba, sobre los caballetes de los tejados, medio coloreados, medio sombreados, los últimos e imperturbables rayos del sol que se va, toman formas de color que ni son suyas ni tampoco las de las cosas sobre las que se posan. Existe un gran sosiego por encima del nivel ruidoso de la ciudad que también se va sosegando. Todo respira más allá del color y del ruido, en un aliento profundo y mudo.
En las coloreadas casas donde no llega el sol, los colores se tornan de un ceniciento propio. Hace frÃo en el contraste de esos colores. Duerme una pequeña inquietud en las falsas vaguadas de las calles. Duerme y se calma. Poco a poco, sin embargo, en las nubes más bajas de entre las altas, comienzan los reflejos a convertirse en sombras; sólo en aquella pequeña nube, que remonta como águila blanca por encima de todo, el sol conserva, a lo lejos, su dorada risa.
