Libro del desasosiego
Libro del desasosiego He descubierto que siempre pienso y atiendo dos cosas al mismo tiempo. Todos, supongo, serán un poco así. Hay ciertas impresiones tan vagas, que sólo después, al acordarnos de ellas, sabemos que ya las tuvimos; de esas impresiones, supongo, se formará una parte —la parte interna, acaso— de la doble atención de todo hombre. Conmigo sucede que ambas realidades tienen el mismo valor. En esto consiste mi originalidad. En esto consiste, tal vez, mi tragedia y la comedia resultante de ella.
Escribo con diligencia, reclinado sobre el libro en que asiento la historia inútil de una firma comercial oscura; pero, a la vez, mi pensamiento sigue, con igual atención, la ruta de un navío inexistente por paisajes de un oriente igualmente inexistente. Las dos cosas son igualmente nítidas, igualmente visibles para mí: la hoja donde escribo con cuidado, sobre las líneas pautadas, los versos de la epopeya comercial de Vasques & Cª y la cubierta donde observo con atención, un poco al lado de la pauta alquitranada de las hendiduras de las tablas, las sillas anchas y alineadas, las piernas sueltas de quienes descansan del viaje.
(Si fuese atropellado por una bicicleta de niño, esa bicicleta sería ya parte de mi historia.)
Se interpone el prominente salón de fumadores. Por eso se ven sólo las piernas.