Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Vivimos por la acción, es decir, por la voluntad. A los que no sabemos querer —ya seamos genios o mendigos— nos une la impotencia. ¿De qué sirve creerme un genio, si no soy más que un auxiliar de contable? Cuando Cesário Verde le hizo saber al médico que no era el señor Verde, empleado de comercio, sino el poeta Cesário Verde, utilizó una de esas expresiones de orgullo inútil que huelen a vanidad. Lo que él fue siempre, pobrecillo, fue el Señor Verde, empleado de comercio. El poeta nació después de morirse, porque fue después de morirse cuando nació la estimación del poeta.
Actuar es la verdadera inteligencia. Seré lo que quiera ser. Pero tengo que querer lo que acabe siendo. El éxito consiste en tener éxito, no en tener condiciones para obtenerlo. Condiciones para ser palacio las puede tener cualquier terreno, pero ¿dónde estaría el palacio caso de no construirse allí?
Mi orgullo lapidado por ciegos, mi desilusión pisoteada por mendigos.
«Sólo te quiero para el sueño», dicen a la mujer amada en versos que nunca le envían, los que no se atreven a decirle nada. Este «te quiero sólo para el sueño» es un verso de un antiguo poema mío. Registro el verso con una sonrisa, pero ni siquiera la sonrisa comento.