Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Querer no es poder. Quien puede, quiso antes de poder sólo después de poder. Quien quiere nunca ha de poder, porque se pierde queriendo. Creo que estos principios son fundamentales.
… vulgares como los fines de la vida que vivimos, sin que nosotros queramos tales fines.
La mayoría, si no la totalidad de los hombres, vive una vida vulgar, vulgares en todas sus alegrías, y vulgares en casi todos sus dolores, salvo aquéllos que se fundamentan en la muerte, porque en ésos colabora el Misterio.
Oigo, filtrados a través de mi distracción, los ruidos que rompen, fluidos y dispersos, en ondas interfluyentes al azar y desde afuera, como si viniesen de otro mundo: voces de vendedores que venden lo natural, como hortalizas, o lo social, como la lotería. Rayas redondas de las ruedas —carrozas y carros rápidos dando baquetazos—, automóviles, más audibles por la bocina que por los giros, o el sacudir de cualquier paño en cualquier ventana; el silbido de un muchachote, la carcajada del piso de arriba, el lamento metálico del tranvía en la otra calle, lo que de enredado surge en lo transversal, subidas, bajadas, sonidos largos variados, torpes estruendos del transporte, algunos pasos, principios, mitades y finales de voces —y todo esto existe para mí, que duermo al pensarlo, como una piedra entre la yerba, en cualquier caso, acechando desde fuera.