Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Después, al lado, es desde dentro de la casa, que los ruidos confluyen unos con otros: los pasos, los platos, la escoba, la canción interrumpida (un medio fado), la víspera en la combinación del balcón, el enfado por lo que falta en la mesa, el pásame esos cigarros que están en lo alto de la cómoda —todo esto es la realidad, la realidad anafrodisiaca que no entra en mi imaginación.
Leves los pasos de la moza de casa, zapatillas que vuelvo a ver de trenzado rojinegro, y al verlas así, el sonido toma algo de trenzado rojinegro; seguros, firmes, los pasos de las botas del hijo de la casa que sale y se despide en voz alta, con el cerrar de la puerta cortando el eco del luego que viene a continuación del hasta, un sosiego como si el mundo acabase en este cuarto piso, ruido de porcelana lavándose, correr del agua, «pero, bueno, no te he dicho ya…» y el silencio silba desde el río.