Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La monotonÃa, la semejanza banal de los dÃas, la ninguna diferencia entre el hoy y el ayer —quédeme esto siempre, con el alma despierta que disfruta de la mosca que me distrae, pasando casualmente ante mis ojos, de la carcajada que se levanta voluble de la calle incierta, la gran liberación de las horas cuando está cerrada la oficina, el descanso infinito de un dÃa de fiesta.
Puedo imaginarlo todo, porque no soy nada. Si fuese algo, no podrÃa imaginar. El auxiliar de contable puede soñarse emperador romano; el rey de Inglaterra no lo puede hacer, porque el rey de Inglaterra está privado de ser, en sueños, otro rey distinto al que ya es. Su realidad no lo deja sentir.
Cualquier variación de la rutina usual trae siempre al espÃritu una novedad frÃa, un placer levemente incómodo. Quien tiene la costumbre de abandonar la oficina a las seis de la tarde y, por casualidad, un dÃa sale a las cinco, tiene a fin de cuentas una vacación mental y una cierta pena por no saber qué hacer con uno.