Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Retomo los pasos más rápidos de lo que creo hacia la puerta desde donde subiré de nuevo hacia casa. Pero no entro; dudo; sigo hacia adelante. La Praça de Figueira, bostezando puestecillos de colores variados, me cubre clientelizándome el horizonte de puestos ambulantes. Avanzo con lentitud, muerto, y mi visión ya no es la mÃa, ya no es nada. Es sólo la del animal humano que ha heredado sin querer la cultura griega, el orden romano, la moral cristiana y todas las ilusiones que forman la civilización donde siento.
¿Dónde estarán ahora los vivos?
Me duelen la cabeza y el universo. Los dolores fÃsicos, más nÃtidamente dolores que los morales, desarrollan por un reflejo del espÃritu, tragedias que no se encuentran en ellos. Trazan una impaciencia ante todo, que al ser ante todo, no excluye estrella alguna.
