Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Hay cochinos a quienes repugna su propia suciedad, pero no se apartan de ella por lo mismo que el muerto de miedo no se aparta del peligro. Hay cochinos de la fatalidad, como yo, que no se desvían de la banalidad cotidiana por esa misma atracción de su propia impotencia. Son aves fascinadas por el pensamiento de la serpiente; moscas que vuelan sobre los troncos sin ver nada, hasta que, de pronto, se ponen al alcance viscoso de la lengua del camaleón.
Paseo así, lentamente, mi inconsciencia consciente, en mi habitual tronco de árbol. Paseo así mi destino, que es quien anda, pues yo no soy quien anda; mi tiempo sigue sin que yo lo siga. No me salva de la monotonía más que estos breves comentarios que hago sobre ella. Me contento con que mi celda tenga cristales por dentro de las rejas, y escribo en los cristales, sobre el polvo de la necesidad, mi nombre en grandes letras, firma cotidiana de mi escritura con la muerte.