Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Todo gobierno se asienta sobre dos cosas: reprimir y engañar. Lo malo de esos términos de tanta lentejuela, es que ni reprimen ni engañan. Embelesan cuando mucho y eso ya es otro asunto.
Si odio algo es a un progresista. Un progresista es un hombre que ve los males superficiales del mundo y se propone curarlos agravando los fundamentales. El médico trata de adaptar el cuerpo enfermo al cuerpo sano, pero nosotros no sabemos qué es lo sano o lo enfermo en la vida social.
No puedo considerar a la humanidad más que como una de las últimas escuelas de la pintura decorativa de la Naturaleza. No distingo, pues, con fundamento, entre un hombre y un árbol. Y, por cierto, de tener que escoger algo, escogería lo más decorativo, lo que más interese a mis ojos pensantes. Si el árbol me interesa más, más me fastidia que corten el árbol, que muera el hombre. Hay atardeceres que me interesan más que la muerte de algún niño. En todo soy el que no siente, para así sentir más.
Casi me culpo de escribir estas medio reflexiones en esta hora en la que sobre el final de la tarde se eleva, coloreándose, una ligera brisa. Coloreándose no, pues no es ella la que se colorea, sino el aire que flota incierto; pero como me parece que es la brisa la que se colorea, lo digo así, pues he de decir por fuerza lo que me parece a mí, puesto que soy yo.