Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Qué pandilla, qué falta de humanidad y de dolor! Eran reales y, sin embargo, increíbles. Nadie haría con ellos una escena de novela, un escenario descriptivo. Iban como basura flotando en un río, en el río de la vida. Tuve sueño al verlos, un sueño con malestar, supremo.
La fe es el instinto de la acción.
Nada me desagrada tanto como las palabras sociales sobre moral. Ya la palabra deber es para mí desagradable como un intruso. Los términos deber cívico, solidaridad, humanitarismo y otros de la misma estirpe me repugnan como porquerías que arrojasen sobre mí desde las ventanas. Me siento ofendido con la suposición azarosa de que tales expresiones tengan algo que ver conmigo, de que les deba encontrar no sólo un valor, sino un sentido.
Vi hace poco en el escaparate de una tienda de juguetes, unas cosas que me recordaban con exactitud lo que tales expresiones significan. Vi sobre platos de juguete, manjares de juguete para mesas de muñecas. Al hombre existente, sensual, egoísta, vanidoso, amigo de los demás porque tiene el don de la charla, enemigo de otros porque tiene el don de la vida, a ese hombre ¿qué es lo que hay que ofrecerle para que juegue a las muñecas con palabras vacías, sin ton ni son?
