Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Mientras podamos considerar este mundo como una ilusión o un fantasma, podremos considerar todo cuanto nos ocurre como un sueño, algo que fingía ser porque estábamos dormidos. Entonces nace en nosotros una indiferencia sutil y profunda hacia todos los desaires y desastres de la vida. Los que mueren han doblado una esquina, por eso dejamos de verlos; los que sufren pasan ante nosotros, al sentirlos, como una pesadilla, y si los pensamos, como un ingrato devaneo. Y nuestro propio sufrimiento no es más que esa nada. En este mundo dormimos sobre el lado izquierdo y oímos en sueños la existencia oprimida del corazón.
Nada más… Un poco de sol, un poco de brisa, unos árboles que se distinguen en la distancia, el deseo de ser feliz, la tristeza del transcurso de los días, la ciencia siempre incierta y la verdad por descubrir… Nada más, nada más… Eso, nada más…
En vez de almorzar —necesidad que hago ocurrir todos los días— me fui al Tajo y me volví deambulando por las calles sin suponer que iba a ser útil para el alma verlo. Incluso así…
Vivir no vale la pena. Sólo mirar vale la pena. Poder mirar sin vivir sería la felicidad, pero es imposible, como todo lo que nos suele suceder con lo que soñamos. ¡El éxtasis que no incluya la vida!…