Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En esas horas extrañas no es sólo mi vida material, sino la propia vida moral, que se me pega —deshecho la idea del deber como también la de ser, y tengo sueño fÃsico de todo el universo. Duermo lo que conozco y lo que sueño con una igualdad que me pesa en los ojos. SÃ, en esas horas sé más de mà de lo que jamás he sabido y todo lo que soy se resume en todas esas siestas de mendigos entre los árboles de la finca de Nadie.
Sé que desperté y que duermo todavÃa. Mi cuerpo antiguo, molido de tanto vivir, me dice que es muy temprano aún… Estoy muy febril de lejos. Me siento apesadumbrado y no sé muy bien por qué…
En un sopor lúcido, pesadamente incorpóreo, atrancado entre el sueño y la vigilia, en un sueño que es una sombra del soñar. Mi atención fluctúa entre dos mundos y ve ciegamente la profundidad del mar y la profundidad del cielo y estas profundidades se penetran entre sÃ, se mezclan y yo no sé dónde estoy ni lo que sueño.
Un viento de sombras avienta cenizas con los propósitos muertos sobre el que soy despierto. Cae desde un firmamento desconocido una llovizna, frágil de tedio. Una gran angustia inerme me manosea el alma por dentro e, incierta, me altera como la brisa al perfil de las pingollas.
