Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¡Y allá afuera un amanecer tan distante, el bosque tan aquÃ, ante mis otros ojos!
Y yo, que lejos de ese paisaje casi me olvido de él, es al tenerlo cuando siento que me falta y al recorrerlo cuando lo lloro y aspiro a él…
¡Los árboles! ¡Las flores! ¡El tupirse de los caminos!…
A veces paseábamos del brazo bajo los cedros y los algarrobos y ninguno de nosotros pensaba en vivir. Nuestra carne era un vago perfume y nuestras vidas el rumor de una fuente. Nos dábamos la mano y nuestras miradas preguntábanse lo que serÃa un ser sensual o el querer culminar sobre la carne la ilusión del amor…
En nuestro jardÃn habÃa flores de todas las bellezas… —rosas de contornos rizados, lirios de un blanco amarilleante, amapolas que permanecerÃan ocultas de no ser porque su rojiza vehemencia las delatara, violetas sueltas en los bordes hinchados de los arriates, miosotas mÃnimas, camelias de perfume estéril… Y asÃ, pasmados sobre las altas hierbas, como ojos, los girasoles aislados nos miraban con insistencia…
Rozábamos en el alma visible el frescor manifiesto de los musgos y tenÃamos, al pasar junto a las palmeras, la esbelta intuición de otras tierras… Y llegaba hasta nosotros el llanto del recuerdo, porque ni siquiera aquÃ, al ser felices, lo éramos…