Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Los robles seculares y nudosos nos hacÃan tropezar en los tentáculos muertos de sus raÃces… Los plataneros afirmábanse… y a lo lejos, entre árbol y árbol, pendÃan del silencio de las parras los negreantes racimos de uvas…
Nuestro sueño de vivir iba por delante de nosotros, alado, y nosotros tenÃamos para él una sonrisa igual y ajena, aparejada en las almas, sin mirarnos, sin saber uno del otro más de lo que un brazo recostado contra la atención entregada del otro brazo sentÃa.
En nuestra vida no habÃa adentro. Éramos afuera y éramos otros. DesconocÃamonos como si hubiéramos aparecido a nuestras almas después de un viaje a través de los sueños…
Nos habÃamos olvidado del tiempo y el espacio inmenso se empequeñecÃa ante nuestra visión. Más allá de los árboles cercanos, de aquellas parras solitarias, de aquellos montes últimos sobre el horizonte, ¿habrÃa algo real, que mereciera una mirada abierta, como sobre las cosas que existen?…
En la clepsidra de nuestra imperfección gotas regulares de sueño marcaban en nosotros horas irreales… Nada vale la pena, mi lejano amor, excepto el saber que es bueno saber que nada merece la pena…