Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El movimiento quieto de los árboles, el agitado sosiego de las fuentes; el hálito indefinible del Ãntimo ritmo de la savia; el lento atardecer de las cosas, que parece venir de dentro para darle la mano en armonÃa espiritual al lejano entristecerse y próximo al alma, desde el alto silencio del cielo. El caer de las hojas, acompasado e inú-til, gotas de enajenación, en que el paisaje se nos vuelve hacia los oÃdos y se entristece en nosotros como una patria recordada —como un cinturón que se desata, que nos ciñe inciertamente…
Allà vivimos un tiempo que no sabÃa transcurrir, un espacio que no se podÃa pensar en medir. Un correr fuera del Tiempo, una extensión que desconocÃa los hábitos de la realidad en el espacio… ¡Qué horas, oh inútil compañera de mis tedios, qué horas de feliz desasosiego se hicieron pasar por nuestras!… Horas de cenizas del espÃritu, dÃas de nostalgia por el espacio, siglos interiores de pasajes externos… Y nosotros ni siquiera nos preguntábamos para qué servÃa todo aquello, pues gozábamos sabiendo que todo aquello no servÃa para nada.