El Satiricón

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76. »Por otra parte, con el beneplácito de los dioses, llegué a hacerme el amo de la casa y, desde entonces, fui el cerebro rector del mismísimo patrono. ¿Para qué 2 más? Me nombró coheredero del César[81] y recibí un patrimonio de senador. Nadie se conforma con lo 3 que tiene. Me apeteció hacer negocios. Para no cansaros, seré breve: mandé construir cinco naves, las cargué de vino (en aquel entonces se vendía a peso de oro) y las mandé a Roma. Se diría que fue un sabotaje: 4 todas las naves naufragaron. Es una realidad, no un cuento. En un solo día, Neptuno se engulló treinta millones de sestercios. ¿Os figuráis que me di por vencido? 5 No voy a deciros, por Hércules, que esta pérdida fue para mí un plato de buen gusto. Como si nada hubiera pasado, encargué otras naves, mayores, mejores y con más suerte; tanto es así, que nadie me negaba el nombre de héroe. Ya se sabe: un gran navío tiene gran 6 resistencia. Volví a cargarlas de vino, tocino, habas, 7 perfumes y esclavos. En esta ocasión, Fortunata tuvo un bello gesto: vendió todas sus joyas, todo su vestuario y me puso en la mano cien escudos de oro. Fue la levadura de mi peculio. Las cosas van de prisa cuando 8 los dioses quieren. En un solo viaje hice diez millones, bien redondos, de sestercios. Inmediatamente rescaté todas las fincas que habían pertenecido a mi patrono. Construyo una casa, compro un lote de esclavos y animales; todo cuanto tocaba crecía como panal de miel. 9 Cuando mis bienes llegaron a superar el patrimonio nacional en su totalidad, me retiro del juego: dejé los negocios y empecé a hacer empréstitos a los libertos. 10 Cuando ya estaba bien decidido a dejar también esas transacciones, me indujo a seguir adelante un astrólogo que casualmente llegó a nuestra colonia: era un tipo griego, llamado Serapa, digno consejero de los 11 dioses. Me dijo cosas que yo ya tenía olvidadas: me explicó todo de cabo a rabo; sabía todas mis interioridades; sólo le faltó decirme lo que había cenado la víspera. Era para pensar que había pasado toda su vida bajo mi mismo techo.


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