75. Después de este arrebato, Habinas se adelantó a suplicarle que se calmara: «Ninguno de nosotros —le dice— está exento de culpas. Somos hombres y no 2 dioses.» Centella, llorando, le dijo lo mismo, e, invocando su Genio Tutelar y llamándolo Gayo, le rogaba 3 que se dejara convencer. Trimalción ya no pudo contener por más tiempo las lágrimas: «Te pido un favor, Habinas; como es cierto que quiero verte disfrutar tu peculio, si he faltado en algo, escúpeme a la cara. 4 Di un beso a este excelente muchacho, no por su hermosura, sino por lo que vale: sabe la tabla hasta el diez, lee un libro de corrido; con su jornal se ha comprado un uniforme de gladiador tracio; también con 5 sus ahorros ha adquirido un sillón y dos copas. ¿No se merece que yo lo mime como a niña de mis ojos? Pero Fortunata se opone. ¿Es esa tu decisión, zancuda? 6 Hazme caso: digiere tu felicidad, miloca, y déjate ya de hacer rechinar mis dientes, cariño; de lo contrario 7 vas a ver por experiencia quién soy yo. Ya me conoces: cuando me meto algo en la cabeza, es tan inamovible como si lo fijaran con un clavo de tercia. Pero volvamos 8 a los vivos. Os lo ruego, amigos: divertíos. Yo fui un día exactamente lo que vosotros sois ahora, pero, gracias a mis méritos personales, llegué a la posición que veis. El corazón es lo que hace al hombre: todo 9 lo demás son bobadas. “Compro bien, vendo bien”. Otro os dirá otra cosa. Yo reviento de felicidad. Y tú, roncadora[80], ¿aún sigues lloriqueando? Ya me cuidaré 10 yo de que llores tu suerte. Pero como os iba diciendo, es mi honradez lo que me ha hecho llegar a esta afortunada posición. Cuando vine de Asia, no levantaba más que ese candelero. Baste saber que diariamente medía mi estatura tomándolo como referencia; y para que me saliera antes la barba, me frotaba los labios con el hollín de la lámpara. No obstante, hice durante catorce 11 años las delicias de mi amo: no hay nada de vergonzoso en dar gusto al amo. Por otra parte, daba satisfacción también a la señora. Ya sabéis lo que quiero decir. Me callo, pues no soy de esos vanidosos…