La situación llegaba al colmo del mal gusto, cuando 5 Trimalción, embrutecido por la más innoble embriaguez, mandó llamar al comedor a los cornetistas para darnos un nuevo concierto. Entre un montón de almohadones, se estiró hasta los pies del lecho, diciendo: «Figuraos que ya estoy muerto. Tocadme algo bonito.» 6 Los cornetas entonaron una marcha fúnebre. Uno de ellos, esclavo del empresario de pompas fúnebres, el más decente de todos ellos, tocó tan bien 7 que despertó a toda la vecindad. Los vigilantes que guardaban las cercanías, creyendo que había un incendio en casa de Trimalción, forzaron bruscamente la puerta y, provistos de agua y hachas, armaron el gran 8 revuelo. Nosotros, aprovechando la gran oportunidad, dejamos plantado a Agamenón y echamos a correr apresuradamente como ante un verdadero incendio.