20. «Por favor, señora —le digo—, si preparas un golpe mortal, dalo pronto: no hemos cometido un crimen tan horrendo como para tener que morir entre torturas.»
2 La sirvienta, que se llamaba Psique, extendió cuidadosamente una alfombra sobre el pavimento.
Intentó despertar en mí una pasión que mil muertes habían ya enfriado.
3 Ascilto se había cubierto la cabeza con el manto, pues recordaba que es peligroso meterse en intimidades ajenas.
4 La sirvienta sacó de su seno dos lazos: con uno ligó nuestros pies, con el otro nuestras manos[7].
5 Ascilto, en un momento en que la conversación decaía, interviene: «¿Y qué? ¿Yo no me merezco un trago?» La sirvienta, comprometida por mi sonrisa, 6 aplaudió diciendo: «Ya te he servido, muchacho; y, por cierto, ¿es posible que hayas podido tú solo con 7 tan copiosa dosis del mágico filtro?» «¿Es verdad —pregunta Cuartila— que Encolpio se tomó todo el satirión?»
Todo su cuerpo se estremeció bajo una carcajada no exenta de gracia.
8 El propio Gitón acabó por no poder aguantar la risa, sobre todo cuando la jovencita se echó a su cuello y, sin que el muchacho se resistiera, le dio un sinfín de besos.