29. En medio de mi asombro ante tantas maravillas, me caí de espaldas y por poco no me rompo las piernas. Pues, a la izquierda, al entrar y a corta distancia de la cabina del portero, había un perro descomunal, atado con una cadena: era una pintura sobre la pared; y encima, en letras capitales, se leía: «CUIDADO CON EL 2 PERRO». Mis compañeros se echaron a reír. Yo, cuando recobré la serenidad, no acababa de observar la superficie 3 total de aquella pared. Había un mercado de esclavos con sus rótulos al cuello, y el propio Trimalción, con largas melenas de esclavo y un caduceo en la mano, 4 entraba en Roma bajo la dirección de Minerva. Luego, se veía cómo había estudiado contabilidad, cómo había llegado a administrador: un hábil pintor había representado exactamente toda su vida con las respectivas 5 leyendas. Al final del pórtico, Mercurio levantaba a Trimalción por la barbilla y lo transportaba a un excelso 6 trono. A su lado estaban la Fortuna, con un gran cuerno de la abundancia, y las tres Parcas hilando 7 sendas ruecas de oro. También observé en el pórtico un equipo de corredores a pie que se entrenaban bajo 8 la dirección de un técnico. Además vi en el rincón un gran armario con un nicho donde había unos Lares de plata, una Venus de mármol y una caja de oro no muy pequeña donde, según decían, se guardaba la primera barba del señor.