El Satiricón

El Satiricón

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36. Después de estas palabras de Trimalción, acudieron al son de la música cuatro servidores danzando y retiraron la parte superior de la bandeja. Al quitarla, 2 vemos debajo —es decir, en una segunda bandeja— jugosos pollos, ubres[15], y en el centro una liebre a la que se habían aplicado unas alas, con lo que recordaba a Pégaso. También observamos junto a cada uno de 3 los cuatro ángulos un Marsias con un pequeño odre de donde una salsa cargada de pimienta caía sobre el pescado, que ahora nadaba como en un nuevo criadero. Estalla un aplauso general, iniciado por la servidumbre 4 de la casa, y, con la sonrisa en los labios, atacamos aquellos manjares selectos. Trimalción, no menos satisfecho 5 de un éxito como aquél, «Trincha», dice. Al punto 6 se adelantó el trinchante y, adaptando sus movimientos al compás de la música, fue troceando la vitualla con el estilo de un conductor luchando en su carro a los acordes del órgano. Entretanto, Trimalción no cesaba 7 de repetir con el más insistente tono de voz: «Trincha, trincha.»







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