Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Camina hasta que el paisaje se vuelve tan árido como su espÃritu. Encuentra una forma entre las rocas. Un sapo. Un milagro.
—¿Eres real? —pregunta, con una mezcla de asombro y esperanza.
Lo sostiene con manos temblorosas. El sapo parpadea, respira. Es vida. Vida auténtica, piensa. Pero cuando examina su vientre... encuentra un panel de control. Otro simulacro. Otra mentira.
RÃe, pero no con alegrÃa. Es una carcajada amarga. El mundo le ha dado su última respuesta: incluso los milagros están fabricados.
Vuelve a casa. Iran lo recibe con ternura inusual. Rick le da el sapo.
—Es falso —dice, sin esconderlo.
—No importa —responde ella—. Lo cuidaré como si no lo fuera.
Y Rick, agotado, cierra los ojos. Por fin comprende: en un mundo donde todo puede ser simulado, la única verdad que queda... es cómo decides sentir.
La noche siguiente, Rick se encuentra en un limbo emocional. Ha regresado a su hogar, pero nada parece haber cambiado. La ciudad sigue cubierta de polvo, los anuncios de emigración parpadean en los edificios abandonados, y la oveja eléctrica sigue pastando sin hambre en la azotea.
