Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Iran lo observa desde la puerta del apartamento. No dice nada. Su mirada no juzga. Simplemente lo acompaña. Ambos saben que no hay respuestas fáciles. Que el amor, el deber, la identidad… todo está cubierto de capas que ya no se pueden separar.
Rick piensa en Mercer, en sus palabras, en esa colina sin cima. Y comprende que la empatÃa no es un don exclusivo de los humanos. Es una decisión. Y también una carga.
—¿Volverás a cazar? —pregunta Iran.
Él duda.
—No lo sé.
Porque no se trata de seguir matando, sino de saber qué hacer ahora que ha entendido el precio de apretar el gatillo. No en créditos, sino en humanidad.
El sapo artificial sigue allÃ, quieto sobre la mesa. Iran lo ha colocado con cuidado, como si fuera real. Rick lo observa y, por un momento, imagina que respira. Solo por un momento.
Y en ese instante, sin certezas, sin consuelo, Deckard se siente más humano que nunca. Porque ha aprendido a ver la diferencia... y ha decidido ignorarla.
La historia termina sin redención, pero con algo más valioso: conciencia.
—Tal vez —piensa Rick—, soñar con ovejas eléctricas es el primer paso para entender que queremos algo más.