Cármides
Cármides En el acto, llevándome consigo, me hizo sentar al lado de Critias, hijo de Callescrus. Me senté, saludé a Critias y a los demás, y procuré satisfacer su curiosidad sobre el ejército, teniendo que responder a mil preguntas.
Terminada esta conversación, les pregunté a mi vez qué era de la filosofÃa, y si entre los jóvenes se habÃan distinguido algunos por su saber o su belleza, o por ambas cosas. Entonces Critias, dirigiendo sus miradas hacia la puerta y viendo entrar algunos jóvenes en tono de broma, y detrás un enjambre de ellos:
—Respecto a la belleza, dijo, vas a saber, Sócrates, en este mismo acto todo lo que hay. Esos que ves que acaban de entrar son los precursores y los amantes del que, a lo menos por ahora, pasa por el más hermoso. Imagino que no está lejos, y no tardará en entrar.
—¿Quién es, y de quién es hijo?
—Le conoces, dijo, pero no se le contaba aún entre los jóvenes que figuraban cuando marchaste; es Carmides, hijo de mi tÃo Glaucon y primo mÃo.
—SÃ. ¡por Júpiter! le conozco; en aquel tiempo, aunque muy joven, no parecÃa mal; hoy debe ser adulto y bien formado.
—Ahora mismo, dijo, vas a juzgar de su talle y disposición.
Cuando pronunciaba estas palabras, Carmides entró.
