Dialogos III
Dialogos III —Probable, en efecto —dijo—. Pero no es por ahà por donde son semejantes los razonamientos a los humanos —yo ahora, más bien, te seguÃa a ti que guiabas la marcha—, sino en ese otro respecto, en que, cuando uno se confÃa en un argumento como verdadero, sin la técnica en los argumentos, también después opina que es falso, siéndolo unas veces y no siéndolo otras, y asà le sucede con uno y con otro, repetidamente. cY sobre todo los que se dedican a los razonamientos contrapuestos[73], sabes que acaban por creerse sapientÃsimos y por sentenciar por sà solos que en las cosas no hay ninguna sana ni firme ni tampoco en los razonamientos, sino que todas las cosas sin más van y vienen arriba y abajo[74], como las aguas del Euripo, y ninguna permanece ningún tiempo en nada.
—Desde luego —dije yo— que dices verdad.
—Conque, Fedón, serÃa lamentable el lance, si siendo un razonamiento verdadero, firme y susceptible de comprensión, luego por encontrarse djunto a otros razonamientos que son de esa clase, que a los mismos unas veces parecen verdaderos y otras no, uno no se echara la culpa a sà mismo ni a su propia impericia, sino que concluyera en su resentimiento por rechazar alegremente la culpa de sà y echarla a los razonamientos y, desde entonces, pasara el resto de su vida odiando y calumniando a los razonamientos, y se quedara privado de la verdad y del conocimiento real de las cosas.