Dialogos III
Dialogos III —Ahora bien —dijo él—, si es que a algún razonamiento le conviene estar bien entonado es a este de la armonÃa.
—Le conviene, sà —dijo Simmias.
—Pues éste —dijo— no lo tienes bien entonado. Asà que mira cuál de los dos razonamientos eliges: que el conocimiento es recuerdo, o que el alma es una armonÃa.
—Prefiero mucho más el primero, Sócrates —dijo él—. Pues este dotro se me ocurrió sin demostración de acuerdo con cierta verosimilitud y conveniencia, como opina también la mayorÃa de la gente. Pero yo soy consciente de que los argumentos que se fabrican sus demostraciones por medio de verosimilitudes son embaucadores, y si uno no se pone en guardia ante ellos, le engañan del todo con mucha facilidad, tanto en geometrÃa como en todos los demás asuntos. Pero el razonamiento acerca de la rememoración y el aprendizaje ha sido expuesto mediante una propuesta[75] digna de ser aceptada. Quedó dicho, en efecto, que nuestra alma existe incluso antes de llegar al cuerpo, a la manera como existe la realidad que tiene el apelativo de «lo que es». Y yo esta hipótesis, según me convenzo, la he aceptado cabal y correctamente. eAsà pues, me es necesario, según parece, por tal razón no admitirme ni a mà ni a otro la afirmación de que el alma es armonÃa.