Dialogos III
Dialogos III »Pero de mi estupenda esperanza, amigo mÃo, salà defraudado, cuando al avanzar y leer veo que el hombre no recurre para nada a la inteligencia cni le atribuye ninguna causalidad en la ordenación de las cosas, sino que aduce como causas aires, éteres, aguas y otras muchas cosas absurdas[92]. Me pareció que habÃa sucedido algo muy parecido a como si uno afirmara que Sócrates hace todo lo que hace con inteligencia, y, luego, al intentar exponer las causas de lo que hago, dijera que ahora estoy aquà sentado por esto, porque mi cuerpo está formado por huesos y tendones, y que mis huesos son sólidos y tienen articulaciones que los separan unos de otros, y los tendones son capaces de contraerse y distenderse, y envuelven los huesos junto con las carnes y con la piel que dlos rodea. AsÃ, al balancearse los huesos en sus propias coyunturas, los nervios al relajarse y tensarse a su modo hacen que yo sea ahora capaz de flexionar mis piernas, y ésa es la razón por la que estoy yo aquà sentado con las piernas dobladas. Y a la vez, respecto de que yo dialogue con vosotros dirÃa otras causas por el estilo, aduciendo sonidos, soplos, voces y otras mil cosas semejantes, descuidando nombrar las causas de everdad: que, una vez que a los atenienses les pareció mejor condenarme a muerte, por eso también a mà me ha parecido mejor estar aquà sentado, y más justo aguardar y soportar la pena que me imponen. Porque, ¡por el perro!,[93] según yo opino, hace ya tiempo que estos tendones y estos huesos estarÃan en Megara o en Beocia, arrastrados por la esperanza 99ade lo mejor, si no hubiera creÃdo que es más justo y más noble soportar la pena que la ciudad ordena, cualquiera que sea, antes que huir y desertar[94]. Pero llamar causas a las cosas de esa clase es demasiado absurdo. Si uno dijera que sin tener cosas semejantes, es decir, tendones y huesos y todo lo demás que tengo, no serÃa capaz de hacer lo que decido, dirÃa cosas ciertas. Sin embargo, decir que hago lo que hago a causa de ellas, y eso al actuar con inteligencia, y no por la elección de blo mejor, serÃa un enorme y excesivo abuso de expresión. Pues eso es no ser capaz de distinguir que una cosa es lo que es la causa de las cosas y otra aquello sin lo cual la causa no podrÃa nunca ser causa[95]. A esto me parece que los muchos que andan a tientas como en tinieblas, adoptando un nombre incorrecto, lo denominan como causa. Por este motivo, el uno implantando un torbellino en torno a la tierra hace que asà se mantenga la tierra bajo el cielo, en tanto que otro, como a una ancha artesa le pone por debajo como apoyo el aire[96]. En cambio, la facultad cpara que estas mismas cosas se hallen dispuestas del mejor modo y asà estén ahora, ésa ni la investigan ni creen que tenga una fuerza divina, sino que piensan que van a hallar alguna vez un Atlante más poderoso y más inmortal que éste y que lo abarque todo mejor, y no creen para nada que es de verdad el bien y lo debido lo que cohesiona y mantiene todo. Pues yo de tal género de causa, de cómo se realiza, habrÃa sido muy a gusto discÃpulo de cualquiera. Pero, después de que me quedé privado de ella y de que no fui capaz yo mismo de encontrarla ni de daprenderla de otro —dijo—, ¿quieres, Cebes, que te haga una exposición de mi segunda singladura[97] en la búsqueda de la causa, en la que me ocupé?