Dialogos III
Dialogos III —Por tanto —prosiguió—, ya no admito ni puedo reconocer las otras causas, esas tan sabias. Conque, si alguien afirma que cualquier cosa es bella, o porque tiene un color atractivo o una forma o cualquier dcosa de ese estilo, mando a paseo todas las explicaciones —pues me confundo con todas las demás— y me atengo sencilla, simple y, quizás, ingenuamente a mi parecer: que no la hace bella ninguna otra cosa, sino la presencia o la comunicación o la presentación en ella en cualquier modo de aquello que es lo bello en sÃ. Eso ya no lo preciso con seguridad; pero sà lo de que todas las cosas bellas son bellas por la belleza. Me parece que eso es una respuesta firme tanto para mà como epara responder a otro, y manteniéndome en ella pienso que nunca caeré en error, sino que es seguro, tanto para responderme a mà mismo como a cualquier otro, que por lo bello son bellas las cosas bellas. ¿No te lo parece también a ti?
—Me lo parece.
—¿Y, por tanto, por la grandeza son grandes las cosas grandes y las mayores mayores, y por la pequeñez son las pequeñas pequeñas?
—SÃ.