Dialogos III
Dialogos III —Y lo digo por este motivo, que quiero que opines como yo. A mà me parece que no sólo la grandeza en sà jamás querrá ser a la vez grande y pequeña, sino que tampoco la grandeza que hay en nosotros aceptará jamás la pequeñez ni estará dispuesta a ser superada, sino que, una de dos, o huirá y se retirará cuando se le acerque lo econtrario, lo pequeño, o bien, perecerá al llegar éste. Si se queda y admite la pequeñez no querrá ser distinta a lo que era. Como yo, que he recibido y acogido la pequeñez, siendo aún el que soy, y en este mi yo soy pequeño. Pero el principio en sÃ, siendo grande, no habrÃa soportado ser pequeño. AsÃ, y de este modo, también la pequeñez que hay en nosotros no estará nunca dispuesta ni a hacerse grande ni a serlo, ni tampoco ninguno de los contrarios, mientras 103apermanezca siendo aún lo que era, <estará dispuesto> a volverse a la par su contrario y a serlo, sino que, en efecto, se aleja y perece en ese proceso.
—Por completo, asà me lo parece —contestó Cebes.
—Entonces dijo uno de los presentes, al oÃr esto —quién fue no me acuerdo claramente—: