Dialogos III
Dialogos III —¡Por los dioses! ¿No hemos reconocido en el coloquio anterior lo contrario de lo que ahora se dice, que de lo pequeño nace lo mayor y de lo mayor lo pequeño, y que ésta era sencillamente la generación de los contrarios? En cambio, ahora me parece que se dice que eso no puede suceder jamás.
Sócrates, volviendo entonces la cabeza, al escuchar sus palabras, replicó:
b—Valientemente nos lo has recordado. Sin embargo, no adviertes la diferencia entre lo que ahora se ha dicho y lo de entonces. Entonces, pues, se decÃa que una cosa contraria nacÃa de una cosa contraria, y ahora que lo contrario en sà no puede nacer de lo contrario en sÃ, ni tampoco lo contrario en nosotros ni en la naturaleza. Entonces, en efecto, hablábamos acerca de las cosas que tienen los contrarios, nombrándolas con el nombre de aquéllos, mientras que ahora hablamos de ellos mismos, por cuya presencia las cosas nombradas reciben su nombre. Y de estos mismos decimos que jamás estarán dispuestos a cser motivo de generación recÃproca.
Y entonces lanzó una mirada a Cebes y preguntó:
—¿Acaso de algún modo, Cebes, te ha perturbado también a ti algo de lo que éste objetó?
—No me ha pasado eso —dijo Cebes—. Aunque no digo que no me perturben muchas cosas.