Dialogos III
Dialogos III —Hemos reconocido, por tanto —dijo él—, sencillamente esto: que lo contrario jamás será contrario a sà mismo.
—Completamente —respondió.
—Examina, por favor, también lo siguiente, si vas a estar de acuerdo en que llamas a algo caliente y frÃo.
—Yo sÃ.
—¿Acaso lo mismo que nieve y fuego?
—No, ¡por Zeus!, yo no.d
—Entonces, ¿es algo distinto del fuego lo caliente, y algo diferente de la nieve lo frÃo?
—SÃ.
—Pero creo que esto, al menos, te parece también a ti, que jamás la nieve, mientras exista, aceptará lo caliente, tal como habÃamos dicho en la charla anterior, para mantenerse en lo que era, es decir, nieve y, a la vez, caliente, sino que, al acercársele el calor, o cederá su lugar ante él o perecerá.
—Desde luego.
—También el fuego, al acercársele el frÃo, o se retirará o perecerá, pero jamás soportará admitir el frÃo y continuar siendo lo que era, fuego y, a la vez, frÃo.
—Dices verdad —contestó.e