Dialogos III
Dialogos III —Por tanto, si también lo no cálido fuera necesariamente imperecedero, cuando uno acercara el calor a la nieve, la nieve escaparÃa, quedando salva y sin fundirse. Pues no perecerÃa entonces, ni tampoco permanecerÃa y aceptarÃa el calor.
—Dices verdad —dijo.
—Y asÃ, a la par, creo que si lo no frÃo fuera imperecedero, cuando alguno echara sobre el fuego algo frÃo, jamás se apagarÃa ni perecerÃa, sino que se marcharÃa sano y salvo.
—Necesariamente —dijo.