Dialogos III
Dialogos III —Pues bien —dijo Simmias—, tampoco yo sé en qué punto desconfÃo de los argumentos expuestos. No obstante, por la importancia bde aquello sobre lo que versa la conversación, y porque tengo en poca estima la debilidad humana, me veo obligado a conservar aún en mà una desconfianza acerca de lo dicho.
—No sólo en eso dices bien, Simmias —dijo Sócrates—, sino que también esos primeros supuestos[104], por más que os resulten fiables, sin embargo habrÃa que someterlos con más precisión a examen. Y si los analizáis suficientemente, según pienso, proseguiréis el argumento en la medida máxima en que le es posible a una persona humana proseguirlo hasta la conclusión[105]. Y si esto resulta claro, ya no indagaréis más allá.
—Dices verdad —dijo el otro.