Dialogos III
Dialogos III —Pues bien, amigo mÃo —dijo él—, se cuenta que esa tierra en su aspecto visible, si uno la contempla desde lo alto, es como las pelotas de doce franjas de cuero, variopinta, decorada por los colores, de los que los colores que hay aquÃ, esos que usan los pintores, son como muestras. cAllà toda la tierra está formada con ellos, que además son mucho más brillantes y más puros que los de aquÃ. Una parte es purpúrea y de una belleza admirable; otra, de aspecto dorado, y otra, toda blanca, y más blanca que el yeso o la nieve; y del mismo modo está adornada también con otros colores, más numerosos y más bellos que todos los que nosotros hemos visto. Porque también sus propias cavidades, que están colmadas dde agua y de aire, le proporcionan cierta belleza de colorido, al resplandecer entre la variedad de los demás colores, de modo que proyectan la imagen de un tono continuo e irisado. Y en ella, por ser tal como es, las plantas crecen proporcionadamente: árboles, flores y frutos. Y, a la par, los montes presentan sus rocas también con igual proporción, más bellas <que las de aquÃ> por su lisura, su transparencia y sus colores. Justamente partÃculas de ésas son las piedrecillas éstas tan apreciadas: cornalinas, jaspes, esmeraldas, y todas las semejantes. Pero allà eno hay nada que no sea de tal clase y aún más hermoso. La causa de esto es que allà las piedras son puras y no están corroÃdas ni estropeadas como las de acá por la podredumbre y la salinidad de los elementos que aquà han confluido, que causan tanto a las piedras como a la tierra y a los animales y plantas afeamientos y enfermedades. Pero la tierra auténtica está embellecida por todo eso y, además, por oro y plata y las demás co de esa clase. Pues todas esas riquezas están expuestas a la vista, y son 111amuchas en cantidad, y grandes en cualquier lugar de la tierra, de manera que contemplarla es un espectáculo propio de felices espectadores. En ella hay muchos seres vivos, y entre ellos, seres humanos, que viven los unos en el interior de la tierra, y otros en torno al aire como nosotros en torno al mar, y otros habitan en islas bañadas por el aire a corta distancia de la tierra firme[114]. En una palabra, lo que para nosotros es el agua y el mar para nuestra utilidad, eso es allà el aire, y lo que para nosotros es el aire, para ellos lo es el éter. Sus estaciones mantienen una btemperatura[115] tal que ellos desconocen las enfermedades y viven mucho más tiempo que la gente de acá, y en vista, oÃdo, inteligencia y todas las demás facultades nos aventajan en la misma proporción que se distancia el aire del agua y el éter del aire respecto a ligereza y pureza. Por cierto que también tienen ellos bosques consagrados a los dioses y templos, en los que los dioses están de verdad, y tienen profecÃas, oráculos, apariciones de los dioses, y tratos personales y recÃprocos[116]. En cuanto al csol, la luna y las estrellas, ellos los ven como son realmente, y el resto de su felicidad está acorde con estos rasgos.