Dialogos III
Dialogos III »Desde luego que el afirmar que esto es tal cual yo lo he expuesto dpunto por punto, no es propio de un hombre sensato. Pero que existen esas cosas o algunas otras semejantes en lo que toca a nuestras almas y sus moradas, una vez que está claro que el alma es algo inmortal, eso me parece que es conveniente y que vale la pena correr el riesgo de creerlo asà —pues es hermoso el riesgo—, y hay que entonar semejantes encantamientos para uno mismo, razón por la que yo hace un rato ya que prolongo este relato mÃtico. Asà que por tales motivos debe estar confiado respecto de su alma todo hombre que en su vida ha enviado a epaseo los demás placeres del cuerpo y sus adornos, considerando que eran ajenos y que debÃa oponerse a ellos, mientras que se afanó por los del aprender, y tras adornar su alma no con un adorno ajeno, sino con el propio de ella, con la prudencia, la justicia, el valor, la libertad y la 115averdad, asà aguarda el viaje hacia el Hades, como dispuesto a marchar en cuanto el destino lo llame[127]. También vosotros —dijo—, Simmias y Cebes y los demás, a vuestro turno, en un determinado momento os marcharéis todos. Pero a mà ahora ya me llama, dirÃa un actor trágico, el destino[128], y es casi la hora de que me encamine al baño. Pues me parece que es mejor que me bañe y beba luego el veneno para no dejar a las mujeres el trabajo de lavar un cadáver.