Dialogos III
Dialogos III 1. Naturaleza y originalidad del diálogo
El Banquete[1] ha sido calificado por la inmensa mayorÃa de sus estudiosos como la obra maestra de Platón y la perfección suma de su arte. Es posiblemente el diálogo platónico más ameno y el más identificado con el espÃritu de su tiempo. Es también la más poética de todas las realizaciones platónicas, en la que difÃcilmente los aspectos literarios pueden separarse de la argumentación filosófica, lo que hace que nos encontremos ante uno de los escritos en prosa más completos de toda la Antigüedad y una de las más importantes obras literarias de toda la literatura universal. En este diálogo, literatura y filosofÃa son justamente la misma cosa: una composición original en la que la filosofÃa toma cuerpo en la realidad, mientras que la visión de la realidad es enteramente transformada por la filosofÃa[2]. Combina la pintura de las situaciones rica en detalles y la expresión de los problemas filosóficos más difÃciles con el más alto refinamiento composicional. Tal vez por ser el diálogo de Platón más brillante es precisamente el que peor entendido ha sido de todos sus escritos. Esta cadena de malos entendidos la inició ya Jenofonte, quien veÃa en nuestro diálogo un tratado de la pasión amorosa, y de ahà que en su obra homónima se proponga elogiar los placeres de la vida matrimonial[3].