Dialogos III
Dialogos III Pero a esta pregunta ya no respondió, sino que al poco rato tuvo un estremecimiento, y el hombre lo descubrió, y él tenía rígida la mirada. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.
Éste fue el fin, Equécrates, que tuvo nuestro amigo, el mejor hombre, cpodemos decir nosotros, de los que entonces conocimos, y, en modo muy destacado, el más inteligente y más justo.