Dialogos III
Dialogos III —EstarÃa bien, Agatón, que la sabidurÃa fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera de lo más lleno a lo más vacÃo de nosotros, como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de la más llena a la más vacÃa[15]. Pues si la sabidurÃa se comporta también asÃ, valoro muy alto el estar reclinado junto a ti, porque pienso que me llenarÃa de tu mucha y hermosa sabidurÃa. La mÃa, seguramente, es mediocre, o incluso ilusoria como eun sueño, mientras que la tuya es brillante y capaz de mucho crecimiento, dado que desde tu juventud ha resplandecido con tanto fulgor y se ha puesto de manifiesto anteayer en presencia de más de treinta mil griegos como testigos[16].
—Eres un exagerado, Sócrates, contestó Agatón. Mas este litigio sobre la sabidurÃa lo resolveremos tú y yo un poco más tarde, y Dioniso[17] será nuestro juez. Ahora, en cambio, presta atención primero a la comida.
»A continuación —siguió contándome Aristodemo—, después 176aque Sócrates se hubo reclinado y comieron él y los demás, hicieron libaciones y, tras haber cantado a la divinidad y haber hecho las otras cosas de costumbre, se dedicaron a la bebida[18]. Entonces, Pausanias —dijo Aristodemo— empezó a hablar en los siguientes términos: