Dialogos III
Dialogos III »Entonces, Fedro y los demás —me contó Aristodemo— le exhortaron a hablar como él mismo pensaba que debÃa expresarse.
—Pues bien, Fedro —dijo Sócrates—, déjame preguntar todavÃa a Agatón unas cuantas cosas, para que, una vez que haya obtenido su conformidad en algunos puntos, pueda ya hablar.
—Bien, te dejo —respondió Fedro—. Pregunta, pues.c
»Después de esto —me dijo Aristodemo—, comenzó Sócrates más o menos asÃ:
—En verdad, querido Agatón, me pareció que has introducido bien tu discurso cuando decÃas que habÃa que exponer primero cuál era la naturaleza de Eros mismo y luego sus obras. Este principio me gusta mucho. Ea, pues, ya que a propósito de Eros me explicaste, por lo demás, espléndida y formidablemente, cómo era, dime también lo siguiente: ¿es acaso Eros de tal naturaleza que debe ser amor de algo o de nada? Y no dpregunto si es amor de una madre o de un padre —pues serÃa ridÃcula la pregunta de si Eros es amor de madre o de padre—, sino como si acerca de la palabra misma «padre» preguntara: ¿es el padre padre de alguien o no? Sin duda me dirÃas, si quisieras responderme correctamente, que el padre es padre de un hijo o de una hija. ¿O no?
—Claro que sà —dijo Agatón.