Dialogos III
Dialogos III e—Sin duda —dijo Agatón.
—Por tanto, también éste y cualquier otro que sienta deseo, desea lo que no tiene a su disposición y no está presente, lo que no posee, lo que él no es y de lo que está falto. ¿No son éstas, más o menos, las cosas de las que hay deseo y amor?
—Por supuesto —dijo Agatón.
—Ea, pues —prosiguió Sócrates—, recapitulemos los puntos en los que hemos llegado a un acuerdo. ¿No es verdad que Eros es, en primer lugar, amor de algo y, luego, amor de lo que tiene realmente necesidad?
—Sà —dijo. 201a
—Siendo esto asÃ, acuérdate ahora de qué cosas dijiste en tu discurso que era objeto Eros. O, si quieres, yo mismo te las recordaré. Creo, en efecto, que dijiste más o menos asÃ, que entre los dioses se organizaron las actividades por amor de lo bello, pues de lo feo no habÃa amor. ¿No lo dijiste más o menos asÃ?
—Asà lo dije, en efecto —afirmó Agatón.
—Y lo dices con toda razón, compañero —dijo Sócrates—. Y si esto es asÃ, ¿no es verdad que Eros serÃa amor de la belleza y no de la fealdad?
Agatón estuvo de acuerdo en esto.
—Pero ¿no se ha acordado que ama aquello de lo que está falto y no posee?
—Sà —dijo.b