Dialogos III
Dialogos III —Luego Eros no posee belleza y está falto de ella.
—Necesariamente —afirmó.
—¿Y qué? Lo que está falto de belleza y no la posee en absoluto, ¿dices tú que es bello?
—No, por supuesto.
—¿Reconoces entonces todavÃa que Eros es bello, si esto es asÃ?
—Me parece, Sócrates —dijo Agatón—, que no sabÃa nada de lo que antes dije.
—Y, sin embargo —continuó Sócrates—, hablaste bien, Agatón. cPero respóndeme todavÃa un poco más. Las cosas buenas, ¿no te parecen que son también bellas?
—A mÃ, al menos, me lo parece.
—Entonces, si Eros está falto de cosas bellas y si las cosas buenas son bellas, estará falto también de cosas buenas.
—Yo, Sócrates —dijo Agatón—, no podrÃa contradecirte. Por consiguiente, que sea asà como dices.
—En absoluto —replicó Sócrates—; es a la verdad, querido Agatón, a la que no puedes contradecir, ya que a Sócrates no es nada difÃcil.