Dialogos III
Dialogos III »Pero voy a dejarte por ahora y os contaré el discurso sobre Eros dque oà un dÃa de labios de una mujer de Mantisa, Diotima, que era sabia en éstas y otras muchas cosas. AsÃ, por ejemplo, en cierta ocasión consiguió para los atenienses, al haber hecho un sacrificio por la peste, un aplazamiento de diez años de la epidemia[94]. Ella fue, precisamente, la que me enseñó también las cosas del amor. Intentaré, pues, exponeros, yo mismo por mi cuenta, en la medida en que pueda y partiendo de lo acordado entre Agatón y yo, el discurso que pronunció aquella mujer. En consecuencia, es preciso, Agatón, como tú explicaste, describir eprimero a Eros mismo, quién es y cuál es su naturaleza, y exponer después sus obras. Me parece, por consiguiente, que lo más fácil es hacer la exposición como en aquella ocasión procedió la extranjera cuando iba interrogándome. Pues poco más o menos también yo le decÃa lo mismo que Agatón ahora a mÃ: que Eros era un gran dios y que lo era de las cosas bellas. Pero ella me refutaba con los mismos argumentos que yo a él: que, según mis propias palabras, no era ni bello ni bueno.
—¿Cómo dices, Diotima? —le dije yo—. Entonces, ¿Eros es feo y malo?
—Habla mejor —dijo ella—. ¿Crees que lo que no sea bello necesariamente habrá de ser feo?
202a—Exactamente.