Dialogos III
Dialogos III —Esclavos —dijo entonces Agatón—, descalzad a AlcibÃades, para que se acomode aquà como tercero.
—De acuerdo —dijo AlcibÃades—, pero ¿quién es ese tercer compañero de bebida que está aquà con nosotros?
Y, a la vez que se volvÃa, vio a Sócrates, y al verlo se sobresaltó y dijo:
—¡Heracles! ¿Qué es esto? ¿Sócrates aqu� Te has acomodado aquà acechándome de nuevo, según tu costumbre de aparecer de repente cdonde yo menos pensaba que ibas a estar. ¿A qué has venido ahora? ¿Por qué te has colocado precisamente aqu� Pues no estás junto a Aristófanes ni junto a ningún otro que sea divertido y quiera serlo, sino que te las has arreglado para ponerte al lado del más bello de los que están aquà dentro.
—Agatón —dijo entonces Sócrates—, mira a ver si me vas a defender, pues mi pasión por este hombre se me ha convertido en un asunto de no poca importancia. En efecto, desde aquella vez en que me enamoré dde él, ya no me es posible ni echar una mirada ni conversar siquiera con un solo hombre bello sin que éste, teniendo celos y envidia de mÃ, haga cosas raras, me increpe y contenga las manos a duras penas. Mira, pues, no sea que haga algo también ahora; reconcÃlianos o, si intenta hacer algo violento, protégeme, pues yo tengo mucho miedo de su locura y de su pasión por el amante.