Dialogos III
Dialogos III —En absoluto —dijo AlcibÃades—, no hay reconciliación entre tú y yo. Pero ya me vengaré de ti por esto en otra ocasión. Ahora, Agatón e—dijo—, dame algunas de esas cintas para coronar también ésta su admirable cabeza y para que no me reproche que te coroné a ti y que, en cambio, a él, que vence a todo el mundo en discursos, no sólo anteayer como tú, sino siempre, no le coroné.
Al mismo tiempo tomó algunas cintas, coronó a Sócrates y se acomodó. Y cuando se hubo reclinado dijo:
—Bien, señores. En verdad me parece que estáis sobrios, y esto no se os puede permitir, sino que hay que beber, pues asà lo hemos acordado. Por consiguiente, me elijo a mà mismo como presidente de la bebida, hasta que vosotros bebáis lo suficiente. Que me traigan, pues, Agatón, una copa grande, si hay alguna. O más bien, no hace ninguna falta. Trae, esclavo, aquella vasija de refrescar el vino —dijo, señalando una que contenÃa más de ocho cótilas[120].
214aUna vez llena, se la bebió de un trago, primero, él y, luego, ordenó llenarla para Sócrates, a la vez que decÃa:
—Ante Sócrates, señores, este truco no me sirve de nada, pues beberá cuanto se le pida y nunca se embriagará.
En cuanto hubo escanciado el esclavo, Sócrates se puso a beber. Entonces, ErixÃmaco dijo: