Dialogos III
Dialogos III »Porque, efectivamente, y esto lo omità al principio, también sus discursos son muy semejantes a los silenos que se abren. Pues si uno se decidiera a oÃr los discursos de Sócrates, al principio podrÃan parecer etotalmente ridÃculos. ¡Tales son las palabras y expresiones con que están revestidos por fuera, la piel, por asà decir, de un sátiro insolente! Habla, en efecto, de burros de carga, de herreros, de zapateros y curtidores[148], y siempre parece decir lo mismo con las mismas palabras, de suerte que todo hombre inexperto y estúpido se burlarÃa de sus discursos. 222aPero si uno los ve cuando están abiertos y penetra en ellos, encontrará, en primer lugar, que son los únicos discursos que tienen sentido por dentro; en segundo lugar, que son los más divinos, que tienen en sà mismos el mayor número de imágenes de virtud y que abarcan la mayor cantidad de temas, o más bien, todo cuanto le conviene examinar al que piensa llegar a ser noble y bueno[149].