Dialogos III
Dialogos III —¿No es cierto que éstas puedes tocarlas y verlas y captarlas con 79alos demás sentidos, mientras que a las que se mantienen idénticas no es posible captarlas jamás con ningún otro medio, sino con el razonamiento de la inteligencia, ya que tales entidades son invisibles y no son objetos de la mirada?
—Por completo dices verdad —contestó.
—Admitiremos entonces, ¿quieres? —dijo—, dos clases de seres, la una visible, la otra invisible.
—Admitámoslo también —contestó.
—¿Y la invisible se mantiene siempre idéntica, en tanto que la visible jamás se mantiene en la misma forma?
—También esto —dijo— lo admitiremos.
—Vamos adelante. ¿Hay una parte de nosotros —dijo él—que es bel cuerpo, y otra el alma?
—Ciertamente —contestó.
—¿A cuál, entonces, de las dos clases afirmamos que es más afÃn y familiar el cuerpo?
—Para cualquiera resulta evidente esto: a la de lo visible.
—¿Y qué el alma? ¿Es perceptible por la vista o invisible?
—No es visible, al menos para los hombres, Sócrates —contestó.