Dialogos III
Dialogos III d—En cambio, siempre que ella las observa por sà misma, entonces se orienta hacia lo puro, lo siempre existente e inmortal, que se mantiene idéntico, y, como si fuera de su misma especie se reúne con ello, en tanto que se halla consigo misma y que le es posible, y se ve libre del extravÃo en relación con las cosas que se mantienen idénticas y con el mismo aspecto, mientras que está en contacto con éstas. ¿A esta experiencia es a lo que se llama meditación?
—Hablas del todo bella y certeramente, Sócrates —respondió.
e—¿A cuál de las dos clases de cosas, tanto por lo de antes como por lo que ahora decimos, te parece que es el alma más afÃn y connatural?
—Cualquiera, incluso el más lerdo en aprender —dijo él—, creo que concederÃa, Sócrates, de acuerdo con tu indagación, que el alma es por completo y en todo más afÃn a lo que siempre es idéntico que a lo que no lo es.
—¿Y del cuerpo, qué?
—Se asemeja a lo otro.