Dialogos III
Dialogos III —MÃralo también con el enfoque siguiente: siempre que estén en 80aun mismo organismo alma y cuerpo, al uno le prescribe la naturaleza que sea esclavo y esté sometido, y a la otra, mandar y ser dueña. Y según esto, de nuevo, ¿cuál de ellos te parece que es semejante a lo divino y cuál a lo mortal? ¿O no te parece que lo divino es lo que está naturalmente capacitado para mandar y ejercer de guÃa, mientras que lo mortal lo está para ser guiado y hacer de siervo?
—Me lo parece, desde luego.
—Entonces, ¿a cuál de los dos se parece el alma?
—Está claro, Sócrates, que el alma a lo divino, y el cuerpo a lo mortal.
—Examina, pues, Cebes —dijo—, si de todo lo dicho se nos deduce besto: que el alma es lo más semejante a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble y que está siempre idéntico consigo mismo, mientras que, a su vez, el cuerpo es lo más semejante a lo humano, mortal, multiforme, irracional, soluble y que nunca está idéntico a sà mismo. ¿Podemos decir alguna otra cosa en contra de esto, querido Cebes, por lo que no sea as�
—No podemos.