Dialogos III
Dialogos III —Por lo tanto, ¿estando en tal condición se va hacia lo que es semejante a ella, lo invisible, lo divino, inmortal y sabio[50], y al llegar allà está a su alcance ser feliz, apartada de errores, insensateces, terrores, pasiones salvajes, y de todos los demás males humanos, como se dice de los iniciados en los misterios, para pasar de verdad el resto del tiempo en compañÃa de los dioses? ¿Lo diremos asÃ, Cebes, o de otro modo?
—AsÃ, ¡por Zeus! —dijo Cebes.
b—Pero, en cambio, si es que, supongo, se separa del cuerpo contaminada e impura, por su trato continuo con el cuerpo y por atenderlo y amarlo, estando incluso hechizada por él, y por los deseos y placeres, hasta el punto de no apreciar como verdadera ninguna otra cosa sino lo corpóreo, lo que uno puede tocar, ver, y beber y comer y utilizar para los placeres del sexo, mientras que lo que para los ojos es oscuro e invisible, y sólo aprehensible por el entendimiento y la filosofÃa, eso cestá acostumbrada a odiarlo, temerlo y rechazarlo, ¿crees que un alma que está en tal condición se separará lÃmpida ella en sà misma?
—No, de ningún modo —contestó.
—Por lo tanto, creo, ¿quedará deformada por lo corpóreo, que la comunidad y colaboración del cuerpo con ella, a causa del continuo trato y de la excesiva atención, le ha hecho connatural?
—Sin duda.